Como un experimento de ratones

Sin duda, la escuela educar no educa.
Sabemos que la escuela es un medio de control social y si no lo sabíais, aquí lo dejo escrito. Es una institución del estado y como tal, tiene funciones que no debería tener. ¿Acaso no se nota que utilizamos las escuelas/institutos como una guardería? Dejamos a los educandos ante unas manos totalmente desconocidas para poder seguir con nuestra vida laboral. Que sí, que funcional es, pero como con todo, hay un precio.
experimento ratonesEl precio es grande, costoso, horrible. Quien haya pasado por una institución escolar – hemos pasado todos-, habrá notado la frustración constante diaria. Profesores autoritarios que coartaban tu libertad,  manipulaban la información para inculcarte doctrinas sin argumentación, te instruían en conocimiento inútil para la vida desmotivándote a que lo repitieras como un loro sin conciencia ninguna… 
Hay tantas cosas malas en la educación, que podríamos vomitar.  Podríamos, sí, pero no lo haremos. ¿Qué educadora sería si me quedara únicamente en apuntar faltas que casi todos conocemos? La realidad es complicada, el cambio también lo es, no obstante, animo a dos cosas:
Animo a los alumnos a utilizar la frustración como motivadora para cambiar su entorno y buscar herramientas que, desde su posición de  educando, movilice a otras mentes, volviéndolas críticas ante el contexto en el que se encuentran. 
Animo también a los profesores que, teniendo el verdadero poder de cambiar las cosas desde la base, deben escuchar a sus alumnos, ayudarlos, ser uno más con ellos para que se sientan integrados, comprendidos y expectantes del conocimiento que se les va  a exponer. Animo a que sean figuras de autoridad positiva
Y yo, de mientras, seguiré esforzándome en difundir lo que considero correcto y transmitir a mis allegados todo lo que considero positivo para el futuro cercano.