Cuenta tu historia

No hace mucho que entré por primera vez en una institución educativa. Recuerdo el nervio y la ansiedad de dar clase por primera vez. Sentía la necesidad de adquirir conocimiento, por eso antes de comenzar, ya había tenido ciertas clases <> con mi hermana mayor. Estábamos en el sótano del local familiar, entre botellas de vidrio y tanquetas de cerveza, ella con un libro de texto de su curso anterior, yo con una libreta a rayas. Empezamos con la suma, utilizando objetos de nuestro alrededor intentaba hacer que me percatase de que la suma no es más que el uso de los números para contar cosas. Luego, por supuesto, seguimos con el resto de operaciones elementales. Su metodología solía ser siempre la misma: utilizaba objetos exteriores para clarificar el contenido de la materia, luego, cuando el nivel de dificultad aumentaba un poco, como en la multiplicación, realizaba ella mismo un ejemplo que yo contemplaba atentamente para seguir el procedimiento paso por paso. Entendido cómo se hace, asentaba el conocimiento a base de repetir una y otra vez distintas restas, divisiones y multiplicaciones.
Durante muchos años aprendí, entendí y proseguí mi curso educativo, sin embargo, durante mi etapa infantil hubo un profesor, una clase, que verdaderamente me hizo perder el tiempo; además de no aportar nada relevante a mi vida. No era otro que el profesor de inglés. Salvador era una persona desmotivada, cansada de su situación y de los niños. Recuerdo como nos miraba desprestigiándonos, sintiendo que estaba en el lugar equivocado. Así era sin duda, pues cada clase con él no era más que un callar y pintar. De pequeña, como muchos otros niños, tenía el cabello rubio y los ojos azules. Debido a mi aspecto muchas personas confundían mi nacionalidad con la inglesa y de tanto repetirme eso y al crecer con un local ambientado para extranjeros, rápidamente me acerqué a ellos para aprender esa lengua que me resultaba tan extraña, y aprendí. No es que supiera hablar inglés, pero tenía muchas nociones y gran vocabulario, anormal para alguien de esa edad.
Quería aprender más y más cosas, pero al llegar a la clase, veía como el profesor se sentaba en su silla, decía la página del libro a la que debíamos acudir y encendía el casette. Exponía brevemente el temario que teníamos que aprender, después, nos ordenaba hacer los ejercicios del work-book para finalizar coloreando todos y cada uno de los muñecos que aparecían, eran muchos. Sentí como quería eliminar esos 15 minutos de profundización en materia por no molestarse, total ¿no es más cómodo estar leyendo otras cosas mientras “30 salvajes” están tranquilos coloreando?
Lo malo de este tipo de situaciones es el tiempo que pierdes durante tu infancia en no-aprender. En sentirte impotente por saber que la persona que está justo delante no debería estar ahí y que está influyendo negativamente en tu vida, en tu desarrollo posterior. Si alguien tenía problemas o había un mal ambiente general, nada importaba, él seguía realizando las actividades a través del casette dejándolo pasar: era un estar sin estar.
María Dolores y yo.
Me pregunto ahora, ¿para qué me sirvió la escuela? En infantil, la antigua parvulito, generalmente me aburría. El contenido me resultaba demasiado sencillo y me preocupaba más por la aceptación social que por sacar buena nota, lo hacía sin darme cuenta. Vagos recuerdos son los que me quedan de esa época: un día en el que nos pidieron pintar al que estuviera delante nuestro, decir en voz alta palabras que empiecen por <>, pasar por debajo de la mesa las respuestas a un compañero y el tren que había en el patio… Sin embargo existe algo que he sido capaz de recordar, analizar y juzgar una vez superada la etapa adolescente. Mi profesora de esos años, María Dolores no me prestó especialmente atención, era buena, pero hubo un par de cosas que hoy en día hacen que tenga una mala visión de ella. Por un lado se encuentra mi continuo aislamiento dentro de la clase. Normalmente estaba sola en el patio, dando vueltas, muchos niños se portaban mal conmigo, era muy condescendiente con las peticiones de los demás, a expensas de que fueran perjudiciales para mí, etc. ¿Por qué no se fijó en eso?, ¿Acaso no forma parte de su cometido el informar de esta situación a la familia, incluso intervenir para solventar el problema? El niño y sus problemas es responsabilidad única de la familia y es así como siento que me trató esa profesora. Por otro lado, hubo un detalle que mis padres me comentaron. El contenido era extremadamente sencillo y mis padres se dieron cuenta de que así me lo parecía, así que un día fueron a hablar con mi profesora comentándole si era una buena idea que me ingresaran en un centro educativo privado, cuyo nivel era más alto que el público. Ella dijo que no, que las diferencias eran mínimas. Por desgracia, hoy soy consciente del nivel que muchas escuelas privadas tienen y desgraciadamente, las diferencias no son mínimas, nunca lo fueron.
A lo largo de mi vida hubo muchos profesores con estas características. Personas que no aportaban apenas conocimiento e interés, que no se preocupaban por los alumnos y su desarrollo cognitivo. Quizás podría decirse que la educación ha sido una decepción tras otra decepción: profesores que se tiraban 20 minutos leyendo el periódico para no comenzar la clase, que faltaban regularmente no se sabía porqué, papagayos que sólo leían el libro o sólo escribían en la pizarra para que copiases y callases, incluso profesores vascos que ampliaban el temario de estos temas y caían siempre a examen. ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­
Eran malos profesores, eran malas instituciones. Podríamos decir que tanto el microsistema de la educación como el macrosistema (profesores y colegios) están infectados de funciones negativas para el correcto desarrollo del alumnado, para el buen hacer. Controlarnos, custodiarnos, estancarnos son muchas de las cualidades que las instituciones educativas tienen y siguen realizando cada curso escolar.
Ahora, hago una pregunta: ¿Para qué me ha servido la escuela en todos los años en los que he estado escolarizada? Podría ponerme a decir ejemplos y palabras que en general serían negativas: la escuela me ha decepcionado durante toda mi vida y es gracias a mis propias ganas de querer seguir que lo he hecho. ¿Para qué me ha servido? Me ha servido para una cosa muy importante…
Me ha servido para querer cambiarla.

Génesis de la Educación Comparada

“La verdadera grandeza de un pueblo no consiste en no imitar nada de otros, sino en adoptar todo lo útil, dondequiera que se lo encuentre, perfeccionándolo al apropiárselo… Podemos asimilar lo que haya de bueno en otros pueblos sin temor de dejar de ser nosotros mismos”
La educación comparada sirve para obtener recursos de la experiencia ajena; evitar errores y aprovechar aciertos. Al conocer esta materia, vino a mi memoria el recuerdo de cuántas veces criticaba el sistema educativo español y cuánta envidia le tenía al de otros países. Pues aquí está – me dije, aquí está tu asignatura. Hártate hasta que no puedas más. 
Es la herramienta perfecta para conseguir conocer otros países, compararlos y poder tener respuestas a los problemas que se nos plantean diariamente en las aulas.
Aunque breve, decir que mucho me está llamando la atención la educación comparada. Así pues, ando en una bonita aldea leyendo sobre el tema. A poco que siga profundizando, vendré a mi blog pedagógico a informaros.



Aquí la fuente:
Cousier, Etat de l’instruction secondaire dans le royaume de Prusse pendant l’annèe 1831 pour faire suite du mémore sur l’instruction primaire, Paris, 1834, p. 396.

Nada nuevo, todo bueno.

Al ser verano, las entradas al blog no han sido muy recurrentes. Era de preveer, uno descansa hasta de lo que le gusta.

Como en breves comenzaré de nuevo el curso, estrenando, espero, turno de mañana, volveré a este mundillo internauta de educación y cosas varias. Muchos sabréis que se andan haciendo recortes en educación y que no se trata de “2 horas”, sino de miles de trabajadores que despachan sin ton ni son.

Lejos de eso, mi verano fue muy bien. Leí mucho más de lo que creí que iba a leer, me fui de vacaciones a Londres y a Isla Cristina, fui a un festival de música indie y comencé mil y una aventuras. Todo fue muy bien, no obstante, tengo apetencia de estudio y de superación.

Una semana y comienzo el curso. ¡Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos!

No olvidéis que educar es invertir en capital humano.

La educación es una obra de arte

La educación es una obra de arte. El educador tiene que ser una persona ética, una persona responsable. Debe respetar los límites de la persona, conocerla, comprenderla e iniciarla. Cuando educamos, no debemos entrar en la persona, hacerla nuestra y convertirlas en un reflejo de nuestros valores e ideologías. No debemos entrar en su cerebro y conseguir el resultado deseado. La educación no es adoctrinamiento. La educación es transformación, es apertura, es libertad.dibujo de niño

El educado debe encontrar un camino, crear una forma de ver el mundo, una perspectiva. El camino conllevará sueños y miedos, conlleva errores e irresponsabilidades, pero es el precio que la libertad nos da. La infantilización de las personas no ayuda a nadie. Si somos educadores, si somos personas que buscamos el crecimiento personal, debemos dejar a un lado nuestras opiniones sobre cómo deben ver el mundo las personas. Cada cual será libre de elegir lo que más feliz le haga, lo que más apoye sus convicciones. No se debe tener miedo de dejar volar a las personas cuando se las está educando. La variedad de pensamiento es buena, apetecible y enriquecedora.

 La educación es una obra de arte porque el educador redibuja el mundo para sus educandos. La educación es una obra de arte porque las personas que están siendo educadas van pintando sobre un lienzo líneas y formas. El lienzo nunca está del todo blanco, pero tampoco negro. Debemos saber llegar a ellos sin imponer nuestra autoridad moral, pero sin olvidar que tenemos una. No engañemos a nuestros alumnos, no despreciemos nuestro posicionamiento. Seamos francos, reales y enseñemos lo positivo de nuestro pensar, pero también enseñemos lo positivo de otras formas de entender el mundo.

Educar es complejo, duro y cansado. La creatividad no siempre aparece, la desazón por el contrario sí. Pero nosotros, educadores, somos artistas y como artistas tenemos que seguir esforzándonos por crear, por dibujar, por llegar a todas las personas y convertirlas en seres felices y libres. La educación es nuestra meta, nuestra ilusión, nuestra razón de ser.

Seamos parte de un proceso tan maravilloso y arduo como es la educación.

 

 

Los olvidados en el aula

A veces se olvida hablar de personas que no llaman la atención.
El curso ha terminado, mi primer año como futura pedagoga se ha difuminado por el tiempo sin que me de cuenta. Sin coste, he pasado por las aulas de la universidad y he aprendido muchas cosas interesantes. Con entusiasmo espero el siguiente año para seguir formándome y crear un pensamiento más crítico y productivo. Al menos este año he aprendido a justificar el texto y ponerle dibujos a las portadas de los trabajos.
Bromas aparte, siendo las 8:06 me he puesto a pensar en mi motivación por la pedagogía, a saber, mi frustración constante en mi etapa educativa. No sé si lo he comentado por aquí alguna vez, pero yo siempre he sentido que el instituto es una gran pérdida de tiempo. Me aburría, me hastiaba, me cansaba enormemente. Sin duda, gracias a mis padres y a mi cabeza, continué sin atender demasiado a la terrible apatía que sentía hacia él. Y es que no conseguía entender porque ningún profesor me prestaba atención.
Alumna callada por lo general, la cual saca buenas notas no es persona a la que se le deba atender. No obstante, aquel alumno sentado, probablemente al final de la clase, cuyas bromas siempre son divertidas, tiene la expectación de cualquier profesor. Olvidamos al callado, al que quizás le cueste o no la materia, pero no habla. Lo olvidamos porque no molesta en clase y porque si va aprobando, no tenemos que hacerle ningún gesto de aprobación. Ya lo harán los padres – supone el profesor.
La necesidad de un guía
Estuve durante unas semanas yendo a un instituto realizando prácticas de observación en el aula y me fijé con gran atención en este detalle. Dos chicas, sentadas juntas no hablaban nada en clase. No levantaban la mano, no hablaban apenas entre ellas, no parecían existir. De hecho, tuvieron que pasar tres semanas para que su nombre sonara en clase y yo pudiera aprenderlo. Durante esa época ningún profesor se paró a hablarles, a preguntarles si todo iba bien. Pasaban por su lado y o bien le prestaban atención a la mesa de delante o a la de detrás.
Es corriente caer en este fallo: el no atender a personas que no llaman la atención por sí mismas en el aula. Pero es muy importante ser conscientes de que lo cometemos y modificar la actitud. Es muy costoso porque la persona que de por sí ya tiene un carisma, eclipsa al resto. No obstante, el éxito de muchas de estas personas que parecen formar parte del mobiliario escolar está totalmente ligado al sentimiento de aprobación otorgado por el profesor.
A veces basta un: “¡muy bien! Tu redacción ha sido genial. Si te interesa el tema, puedo recomendarte algún libro.” A veces basta una sonrisa.

La contradicción en la educación

Recientemente me ha ocurrido un hecho que debía escribir para poder realizar una reflexión correcta de la situación. Como sabéis, mirando la columna de la derecha, soy estudiante de pedagogía y los estudiantes tienen profesores; unos increíbles, otros no tan buenos.
Pedagogía contradictoriaLos estudiantes tienen profesores que predican una ideología, una forma de pensar y actuar, una forma de ver el mundo. En pedagogía además, se predica una metodología: inclusividad, individualidad en el proceso de enseñanza aprendizaje, libertad y muchas otras palabras bonitas. Algunos de estos profesores se llenan la boca de dichas palabras que realmente suenan bien.  Nuestra labor, nos comentan, es concienciar al mundo educativo de estas medidas que harán indudablemente avanzar y “construir” personas críticas.  El problema reside en aquellos profesores que predican como si de una religión se tratase este tipo de ideas, positivas sin duda, pero no las practican. No las practican en absoluto con su alumnado.
Aquí entro yo y mi frustración. La contradicción se encuentra en la propia aula del educador – también podríamos llamarlo formador o mejor no llamarlo nada –. ¿Acaso no desmotiva que ocurra esto? Ciertamente me cabrean este tipo de situaciones, estas actitudes. Persona que defiende con capa y espada la inclusividad y mantiene de forma oscura o quizás no tan explícita para el público el hecho de querer ser únicamente elogiada con comentarios superficiales. Dejando a un lado lo antes ya descrito: la individualidad del alumnado a la hora de afrontar una asignatura, la obligación del docente en la labor de motivar al alumno, la neutralidad en su comportamiento respecto a la clase, etc. decir tengo que la contradicción que he encontrado en el aula me ha despertado de mi perspectiva idílica del docente respecto al discente.
Muchas palabras que al final evocan en nada. Y sí, supongo que es mi deber seguir esforzándome por encontrar una estabilidad entre lo ideal y lo real. Sea la carrera que sea, siempre me doy un buen golpe contra el muro.

Ortega y Gasset y la pedagogía

Todo en Ortega y Gasset es perspectiva histórica. La realidad humana no se puede entender si no es a través de la historia. La historia es el método, el camino hacia el conocimiento del ser humano. La experiencia histórica es el punto de referencia de nuestra actuación, y no para someternos a ella, sino para evitarla. Aquí podemos aludir a la famosa frase  de Santayana: “el que no conoce la historia está obligado a repetirla”. El hombre se va haciendo a costa de sus fracasos y éxitos y se manifiesta como el único ser de la naturaleza que se niega a permanecer como ente acabado, terminado. “El hombre no tiene naturaleza, tiene historia.” Muchos críticos tienen la impresión de no encontrarse ante un pensamiento original, y el mismo autor lo advierte. Sin embargo, Ortega es un gran conocedor del pensamiento que le precede y su mérito está en saber clarificar y enriquecer las pautas marcadas.

            Somos lo que hemos hecho y lo que nos han hecho. Somos nuestro pasado. En la obra de Ortega el Ortega y Gassethombre es concebido como apertura, apertura temporal. El presente implica el pasado y el futuro, este futuro implica el pasado y el presente, lo cual quiere decir que el margen de libertad se ve complicado por la fatalidad que arrastre consigo. Para definir al hombre lo único que podemos hacer es narrarlo. El hombre vive y por tanto, para comprender lo humano, es preciso contar una historia. Esta historia, siendo ciencia del pasado, es ciencia del presente. Pues el pasado como pasado ya no existe. Si hay pasado es porque ese pasado forma parte de nuestro presente. Ese pasado constituye para el hombre un elemento de fatalidad, una línea fija y preestablecida que limita la ilimitada plasticidad de la que disponemos. Las circunstancias condicionan el quehacer mundano y el quehacer histórico. Resulta, pues, que para vivir en el presente desde el porvenir es preciso apoyarse en el pasado. El progreso exige que esta nueva forma supere la anterior, y para superarla, la conserve y aproveche, que se apoye en ella. Para cada generación el vivir consiste en recibir lo vivido por lo antecedente y la de pensar y sentir su propio presente. El pasado es su porqué como el futuro es su para qué.

            La vida humana es un ser que consiste en lo que va a ser y, por lo tanto, en lo que aún no es. Es un gerundio que ha de irse conjugando con un proyecto o vocación determinados. Es un constante decidir y un constante acertar. Razón por la cual Ortega llama a la vida preocupación. Preocuparse por algo es hacerse muy en serio cuestión de ello. El despreocupado lo único que hace es suplantar su vocación por las corrientes sociales. Es por eso que la vida es una operación que se hace hacia delante, se vive desde el porvenir. El ir hacia delante no implica que esté prohibido volver la mirada hacia atrás. Para vivir el presente, es preciso apoyarse en el pasado. Al vivir nos encontramos entre las cosas y los hombres. Esos hombres tienen ya una interpretación de la vida, unas convicciones vigentes. Ese pensamiento, inmediatamente entra a formar parte de nuestra circunstancia. Desde que nacemos, ejecutamos un esfuerzo constante de absorción: ya sea en la convivencia familiar como en la escuela, el grupo de iguales,… En suma, la idea del mundo, es la idea dominante del tiempo en el que se vive. Está condenado al “pensamiento de su época”.

Ortega y Gasset

            ¿Qué haremos cuando se nos presente ambiguo el mundo? Nos pondremos a pensar. Hemos caído en la duda. Las ideas nacen de la duda y se instalan en nosotros. Son ideas elaboradas por nosotros mismos. Así pues, el pasado no puede responder a todas las preguntas que se pueden realizar en la vida del ser humano. Cuando se encuentren situaciones irresolubles con las herramientas o conocimiento que se tengan, empezaremos un proceso de cognición que, como hemos dicho, comienza con la duda y termina por la consolidación de una nueva creencia, la cual responderá a nuestra necesidad. El hombre es constitutivamente un heredero de ideas y creencias. Volver la espalda al pasado sería retroceder. Al pensar no se encuentra sólo uno mismo, sino todo el pasado humano junto a él.  No obstante, no se trata de una mera transmisión de capital heredado, no sólo se aumentan las riquezas, además se transforman, pueden llegar a.

 Una de las grandes pasiones de Ortega era educar al pueblo español, analizar su contexto para así poder crear actividades y proyectos de reforma sociopolíticas del propio país. Tenía como objetivo situar a España a la altura cultural de Europa. Debido a su contexto familiar, dedicado a las letras y a la crítica social y debido también a su nefasta y chabacana, como él la califica, enseñanza en la universidad, se preocupa por inculcar a través de distintos medios de difusión ideas pedagógicas que hagan avanzar la situación precaria en la que se encontraba su nación. No en vano tuvo que viajar a  países como Alemania para formarse de manera profunda en temas filosóficos. El pensamiento de Ortega presenta un dinamismo por la búsqueda incesante de soluciones: teóricas y de intervención.

Influenciado por el neokantismo, Gasset ve al hombre como realidad cultural que se construye en base a unos ideales, a un comportamiento de normas, en base a unos valores universales. España, anclada en los particularismos, debe adoptar una nueva postura, debe, sin lugar a dudas para salir de su problemática, hacer una reforma cultural. Es en el proceso de alcanzar esa transformación cultural donde Ortega sitúa a la educación. ¿Qué es educación? Es la acción de convertir una cosa en otra mejor. Es el conjunto de actos humanos que tienden a transformar la realidad dada en el sentido de un ideal, de un futuro que modifique los problemas existentes. Para ello es esencial hallar los medios mediante los cuales se consiga direccionar al educando en dirección al ideal. Se trata, sin lugar a dudas, de una transformación del “es” al “debe ser” de la persona. Cabe preguntarse, ¿qué ideal es ese?

Ortega y GassetEl ideal de hombre, es el productor de cultura, el ser capaz de atender a su individualidad y además contribuir a los demás. Así pues, el pedagogo se halla frente a un tejido social, no frente a un individuo. Hay que aclarar que cuando Ortega hace referencia a productor cultural, se refiere en grandes rasgos a aquella persona capaz de producir cosas, de realizar trabajos. Los productos forman la cultura y a través de la competencia de un marco global en vez de individual la cantidad y la calidad de los mismos aumentarán. Es a través de la cooperación como se puede reconstruir un nuevo marco social para España. El pedagogo es, pues, el encargado de fomentar ese pensamiento, a saber, realización cultural del hombre en cuento miembro de un todo social.

            Es gracias a la fenomenología que Ortega vuelve a hacer una meditación de la perspectiva de la educación y observa que la cultura consiste en vivir la vida con plenitud. Con esto se refiere a que no se puede transformar únicamente el pensamiento a través de un ideal, sino que, además de tener un objetivo pensado, uno debe contar con las energías, la forma de vivir, que existen. Sólo a partir de ellas se puede lograr un cambio. Esos ideales, también deben ser reflexionados. Si la educación es educación para la vida, uno debe optar por saber qué cosas son esenciales para la misma.  No hay que dejar a un niño a su libre desarrollo, hay que guiarlo hasta el incremento de su poder vital. Se debe fomentar la curiosidad, el amor y el odio, la agilidad intelectual, la confianza en sí mismo, la imaginación, la memoria, etc. Con estos rasgos, básicos en toda persona, el hombre no se sentirá ilimitado, crecerá, reflexionará, creará ideas y con ellas transformación del pensamiento de la época que le precede.

            El individuo tiene ilimitadas posibilidades de ser una personalidad u otra. No obstante, esa ilimitación se ve coaccionada por culpa de la circunstancia de la persona. La libertad se ve limitada por la cultura. Es este el motivo por el cual uno debe ponerse en contra de la cultura en la que se encuentra y desafiarla. Sólo de ese modo se viaja a nuevas configuraciones culturales. Uno debe partir de la cultura y aceptar que no puede ser de otra forma, debe beber de ella, pero además analizarla críticamente observando si ésta es satisfactoria. Así pues las instituciones deben ser dinámicas, deben responder a la libertad, la democracia y la modernidad. En ningún caso ser unas simples transmisoras de lo descrito ya como el “pensamiento de la época”.

            El principio regulador de la enseñanza tiene que ser un principio basado en la economía. El hombre para vivir debe aprender una cantidad de conocimientos gigantesco y, sin embargo, tiene una capacidad limitada para aprenderlos. Luego, la pedagogía debe encargarse de seleccionar aquellos datos básicos en el aprendizaje de un ser vital perfecto. Se les debe enseñar lo que se requiera para vivir << a la altura de su tiempo>> y que los contenidos los aprenda con holgura y plenitud. Es importante remarcar que cuando se habla de a la altura de su tiempo, debemos tener en cuenta el nivel al que se refiere Ortega. No se trata de aprender las operaciones de matemáticas básicas para llevar al día las cuentas de la casa, sino de aprender el conocimiento que te convierta en una persona crítica ante la sociedad en la que uno se encuentra. Del hombre medio debe salir un hombre culto.

Ortega y Gasset

Criticado por muchos docentes y alabado por muchos estudiantes, Ortega es considerado en algunas ocasiones, un Sócrates de nuestro tiempo. Era capaz de dramatizar las situaciones, alcanzar conclusiones inesperadas y mantener el interés de los estudiantes que lo escuchaban. Sugiere posturas, crea encrucijadas y contradicciones en el pensamiento, es un creador de senderos. En sus discursos, utilizaba hechos cotidianos, hechos que afectaban a la vida concreta para sacar conclusiones significativas. Se trataba, según Ortega, de iniciar el camino para que el discente llegara por sí mismo a la nueva verdad, si es que deseaba hacerlo.

El hombre es un ser temporal condicionado por su pasado, ilimitado y limitado a la vez. Puede despreocuparse y dejarse llevar por las preocupaciones que la sociedad le inculca o puede, a través de la educación, transformar el pensamiento de la época que le ha sido heredado. Puede ser un transformador de cultura, avivando su curiosidad, cayendo en la duda y convirtiéndola en idea. El hombre debe ser consciente de los errores de su cultura para así, a través  de la formación basada en la iniciación, en la libertad y la democracia, llegar a la modificación de la cultura. Como bien dice Ortega, la idea necesita la crítica como el pulmón del oxígeno.

Y sí, el problema en España es un problema educativo.

Las competencias del profesorado


Dedicada a esto de la realización de carteles, aquí dispongo otro. Quizás muy simple, pero para el tema no se puede pedir más. Conferencia a la que asistiré mañana, de la cual puede o puede que no, hable en este blog.  No se trata de no estar interesada en la pedagogía, sólo es que ando con demasiadas cosas que necesitan una prioridad mayor que la de publicar. No obstante decir tiene que ando en un proyecto realmente interesante.

A día de hoy ando de prácticas en un instituto de la zona. Observo, pero también participo. Las horas de tutoría, una a la semana, me dan el control del aula para experimentar lo que desee. Realicé con los chicos una actividad de la cual no hablaré ahora, pero que me servirá como introducción a una breve reseña de esta experiencia gratificante. Hasta que llegue, iré publicando ciertas cosas de mi interés en la pedagogía social.

Para terminar y como dato:

Las funciones de los medios didácticos son guiar el aprendizaje, evaluar, motivar, ejercitar habilidades, proporcionar simulaciones y entornos para la expresión, la creación y la  transmisión de información.
 Les animo a que vengan a la conferencia.

Mi vida y la escuela

Freno y espuela es buena escuela
Anónimo
Su nombre es Manuela Fernández Martín, nacida el 1961 en Algeciras, asistente a la escuela durante cuatro años. Hace mucho que no recordaba aquellos tiempos – dice mientras se le entrevista. Mucho tiempo que no vienen a mi mente esos años donde lo fundamental no era jugar. De familia con un nivel económico medio-bajo, sus estudios duraron de 1967 a 1971. Cuatro cursos de primaria fueron la única formación académica que Manuela tuvo. Y es que, a los 11 años ya era hora de trabajar.
En casa muchas veces no se podía cenar. De padre “cabrestero”, como ella dice vulgarmente, la comida se solía conseguir gracias a los animales que tenía a su cargo. La leche la conseguía de ordeñar las vacas, los huevos de las gallinas, el jabón lo hacía su madre a mano del aceite que sobraba… Muchas veces las comidas las conseguían en el campo, espárragos, caracoles, chumbos, eran alimentos que solían formar parte de su dieta. Incluso tenían, de vez en cuando, un pequeño negocio con un señor francés interesado en los caracoles. Muchos días laborales ella, el padre y varios de sus hermanos – cabe decir que la familia consistía en el matrimonio y catorce hijos-, iban al campo hasta altas horas de la madrugada, que podían ser perfectamente las tres o cuatro de la mañana, para coger caracoles y vendérselos a este señor ya citado. Por supuesto, luego tenía que ir a la escuela, pero ese dinero era necesario en casa para poder seguir adelante.
escuela de los 60La casa era un ir y venir constante de gente. A partir de los 11 años todos los hijos se iban a trabajar; la madre se quedaba en casa al cuidado de la misma. Había una norma intocable, como tantas otras, pero de especial mención: en casa no se habla de política: no se habla ni de Franco, ni del Estado. Esta norma impuesta era realmente aterradora – comenta Manuela mientras lo narra. Al parecer, el padre los atemorizaba si sacaban el tema en algún momento. Así pues, durante su infancia nunca se habló de temas políticos en casa. Se le preguntó si tuvo a alguien cercano que se hubiera visto en problemas por causa de estos temas, pero al ser tan pequeña no recuerda ningún hecho.
            Respetar era la educación primordial. No se podía contestar a los mayores, menos insultarlos. Se debían seguir sus órdenes sin rechistar, sin aludir a ningún tipo de razón porque “por cualquier cosa te podían dar una paliza”. De hecho, como cualquier niño que a veces desea imponer su opinión, Manuela se ha llevado muchas palizas. Esta actuación era una herramienta más para educar correctamente a tu hijo.
            El colegio. La primera norma que te enseñaban era el respetar al jefe del estado, al generalísimo Francisco Franco. La segunda, cantar el cara al sol. A las 8:45 de la mañana todos los niños se ponían en fila para cantar la canción con la mano alzada. Finalizada la tarea, sin hacer ruido debían dirigirse a sus clases respectivas. Los grupos estaban divididos por sexos: niños y niñas. Manuela recuerda que a partir del 67 se hicieron las clases mixtas, probablemente este cambio se debió a la ley orgánica del estado que se promulgó ese mismo año cuya función principal consistía en la separación de los cargos de Jefe de Estado y Jefe de Gobierno. En la clase había 54 niñas distribuidas por clase según su nivel de inteligencia. Los que estaban delante del todo eran los más inteligentes, los que estaban al final eran los tontos o torpes. Manuela estaba atrás.
            La forma de entrar a la clase también era algo que debían aprender, un proceso instructivo en toda regla. El recorrido era siempre el mismo, pasos concretos, movimientos concretos. En fila iban por un pasillo determinado y a medida que llegabas al asiento que te pertenecía te incorporabas sin hacer el menor ruido, ni siquiera al mover la silla. Mientras todos se sentaban, el profesor se quedaba en la puerta. Cuando terminaban, se dirigía a la tarima, entonces los niños se tenían que volver a levantar, ponerse firmes y decir: “buenos días, Don Jacinto”. Buenos días – contestaba el profesor-, saquen su libro de historia. Los profesores eran muy disciplinarios, pegaban mucho, de distintas formas: palos de madera que golpeaban las manos, tirones de pelo, esparadrapo en la boca… Él era quien “educaba”, pues los padres estaban trabajando o en el campo.
escuela de los 60            En la clase foto de Franco y crucifijo. Las paredes blancas, los pupitres verdes, la tarima marrón. No había estanterías ni percheros; las cosas se ponían en el propio pupitre. Los profesores venían al aula a impartir su lección cada hora o cada dos horas. El horario se dividía en dos turnos. El de la mañana de nueve a una y el de la tarde de tres a cinco. Durante la hora del descanso los niños almorzaban en el colegio y luego se ponían a jugar o hacer los deberes que les habían mandado. En el recreo: pelotas, chapas, canicas y combas. Un detalle realmente curioso fue que tanto el desayuno, el almuerzo como la merienda eran dados por el colegio a los niños que asistían al mismo y estas comidas eran pagadas por el estado.
            Cada día había una hora de religión que la impartía el párroco de la barriada. Se les enseñaba el padre nuestro, el ir a la iglesia los domingos y la sagrada escritura. La catequesis también se daba en el colegio. De hecho, un catequista venía a ofrecer apoyo al cura que impartía las clases para dividirse los alumnos.
            La metodología impartida era siempre similar. El profesor sacaba un libro, explicaba la materia poniendo datos en la pizarra y luego ponía ejercicios que los niños debían copiar y hacer. Todos los días eran un sinfín de deberes por hacer. Para corregirlos, llamaba a uno de los chicos a realizar la tarea en el estrado – siempre por su apellido. El resto de los alumnos, después de que el profesor diera el visto bueno de la resolución del problema, copiaban la respuesta y corregían lo que tenían en sus libretas. Si tu problema estaba mal hecho, te sentaba y sacaba a otro compañero. Si no tenías hechos los ejercicios, te pegaba con la regla de madera cinco veces en cada mano, te castigaba sin recreo o te hacía copiar cien veces “Traeré los deberes hechos”.
            Manuela recuerda haberse escapado de vez en cuando de asistir a clases. Se escondía con sus amigos en los campos, en las canteras o en los llamados “nidos de guerra”, lugar donde se ponían los cañones. Era muy importante que ninguna persona mayor la viese, sino, tendría una paliza asegurada. Cuando llegaba la hora de salir del colegio, todos los amigos que se habían saltado la clase, volvían a sus casas.
escuela de los 60También recuerda que, antes de ir al colegio, tenía que hacer la cama, fregar el baño o limpiar los platos o tender la ropa o comprar el desayuno. Todos los días había una tarea que hacer, igual que al volver de la escuela. En general, al regresar limpiaba los animales de la casa, como ya se ha dicho, conejos, cabras, gallinas, etc. Juegos no tenía apenas, sobretodo en invierno. A las seis atardecía, a las ocho se iba a dormir. Los sábados y domingos su madre la ponía a pintar la casa, limpiar el patio, los arriates o cualquier otra cosa. Los hombres no debían cumplir estas obligaciones: limpiar era cosa de mujeres.
Cuando llegaba el verano, ella podía jugar un poco más. Iba de vez en cuando al cine, cuando su madre le daba alguna peseta o cuando se la ganaba trabajando. También iba a la playa, los domingos. Cogía pulpos, erizos, cañaillas, cangrejos, coquinas y muchas otras cosas. Le daba el sol, se bañaba en la playa y disfrutaba. Disfrutó hasta tener once años, hasta que sus padres vieron que ya tenía la edad suficiente para dejar sus estudios y trabajar.
Cuando Manuela tuvo 42 años se sacó el graduado escolar. 
Jessica Prades Fernández

Como un experimento de ratones

Sin duda, la escuela educar no educa.
Sabemos que la escuela es un medio de control social y si no lo sabíais, aquí lo dejo escrito. Es una institución del estado y como tal, tiene funciones que no debería tener. ¿Acaso no se nota que utilizamos las escuelas/institutos como una guardería? Dejamos a los educandos ante unas manos totalmente desconocidas para poder seguir con nuestra vida laboral. Que sí, que funcional es, pero como con todo, hay un precio.
experimento ratonesEl precio es grande, costoso, horrible. Quien haya pasado por una institución escolar – hemos pasado todos-, habrá notado la frustración constante diaria. Profesores autoritarios que coartaban tu libertad,  manipulaban la información para inculcarte doctrinas sin argumentación, te instruían en conocimiento inútil para la vida desmotivándote a que lo repitieras como un loro sin conciencia ninguna… 
Hay tantas cosas malas en la educación, que podríamos vomitar.  Podríamos, sí, pero no lo haremos. ¿Qué educadora sería si me quedara únicamente en apuntar faltas que casi todos conocemos? La realidad es complicada, el cambio también lo es, no obstante, animo a dos cosas:
Animo a los alumnos a utilizar la frustración como motivadora para cambiar su entorno y buscar herramientas que, desde su posición de  educando, movilice a otras mentes, volviéndolas críticas ante el contexto en el que se encuentran. 
Animo también a los profesores que, teniendo el verdadero poder de cambiar las cosas desde la base, deben escuchar a sus alumnos, ayudarlos, ser uno más con ellos para que se sientan integrados, comprendidos y expectantes del conocimiento que se les va  a exponer. Animo a que sean figuras de autoridad positiva
Y yo, de mientras, seguiré esforzándome en difundir lo que considero correcto y transmitir a mis allegados todo lo que considero positivo para el futuro cercano.

El trabajo y la Pedagogía

“¿Cómo se encuentra el primer trabajo en Pedagogía?” – comentaron. 

Sin duda, esta era la pregunta que más importancia tenía para mí; aun así, la respuesta no me sorprendió. Son los contactos personales los que nos abren las puertas una vez que hayamos terminado nuestra carrera. Los contactos personales y no una autocandidatura fuertemente defendida, aunque nadie quita que esto no influya en el resultado final.

El instituto, la formación, los centros TIC, los servicios socioculturales son algunos de los ámbitos donde un pedagogo puede realizar su cometido, pero sin duda el plato fuerte es ser el “Formador de formadores”: modular cursos para empresas mayoritariamente. Es cierto que nos dejaron constancia de un nuevo camino del pedagogo, camino que se está descubriendo recientemente y que tiene mucho por hacer. No es otro que el de los recursos TIC y la enseñanza virtual. Cada día más, las empresas optan por formar a sus empleados de esta forma: menor coste, mayor eficiencia. Sin duda, todo un campo por explotar donde requieren la mano de un asesor de recursos tecnológicos para crear las acciones formativas lo más productivas posibles. El pedagogo se vende con la frase siguiente: “somos facilitadores de algo…” ¿De qué exactamente? Nadie lo sabe.

Parece que no es suficiente formarse durante cuatro años, además uno debe ser un autoformador de las demandas que existen o las demandas que no existen, pero existirán. El pedagogo, ese profesional que nadie sabe con exactitud para que sirve, que lucha por hacerse un hueco en una sociedad donde su labor no está, ni de lejos, reconocida y que, aún así, hace falta.

La pedagogía no es carrera de cualquiera, sólo las personas con iniciativa real podrán alcanzar, probablemente, el final del camino. ¿Por qué esta afirmación? Es difícil ver a un colectivo de personas capaces de aguantar la incertidumbre que la pedagogía levanta. Y no creo que eso esté mal, podríamos calificarlo como una estrategia, intencional o no, para seleccionar al personal.

No olvidemos que trabajos donde se requieran de pedagogos no abundan.

El intelectual moderno

¿Quién es el intelectual moderno?

El intelectual moderno tiene un trabajo. Ese trabajo debe estar relacionado con el conocimiento, no podría ser de otra forma. Un profesor o un investigador son los ejemplos perfectos para focalizar a lo que me remito. El intelectual moderno encuentra una contradicción en sí mismo y es esta la característica principal que lo define.
Pero, ¿qué es “encontrar una contradicción en sí mismo”?

La contradicción se da cuando hay una diferencia en lo que uno mismo busca y lo que su “moral” le dice que haga. Lo que uno mismo busca se representa en la palabra intelectual; conocimiento, cultura, expresión y por supuesto transmisión de todas y cada una de las ideas. Es la “moral” la que nos imposibilita dicha acción y la que nos convierte en seres contradictorios. ¿Acaso se es libre en el trabajo para poder estudiar lo que uno desea o para poder transmitir la verdad sin peligro de que ejerzan sobre nosotros coacción social?

El profesor o el investigador se encuentra ante una contradicción por el miedo de ser castigado o eliminado de su puesto de trabajo. Nos encontramos entonces, ante personas que no tienen poder, ni eficacia real.

Sin embargo, no está de más intentarlo cada día.

Acercamiento Superficial

Hace ya un pequeño tiempo que gesté este blog, con pensamientos educativos y pedagógicos. Hace un tiempo que lo gesté, pero no tenía la motivación necesaria para hacerlo crecer, tener vida y solvencia. Ahora, sin duda es el momento.
¿Quién soy yo? Un eslabón más dentro de la tercera revolución educativa o eso quiero ser. Después de tanto tiempo me he dado cuenta de que la desmotivación tenida a lo largo de mi vida con referencia a las instituciones educativas eran el pilar fundamental. ¿Por qué? Por ser la única razón que me mueve a actuar, deseo cambiarlo.
La educación vivida, la educación malvivida.
¿No es el momento perfecto para señalizar de forma crítica lo que existe a nuestro alrededor?
Bienvenidos a “Prevenir no es reprimir“.
Aprendamos todos juntos.